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Alternative text for image“Suspiro y boto por los poros la palabra CIAC”

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Publicado el 2018-03-26


Inspector Gabriel Carmona

Mi nombre es Gabriel Carmona Valencia, pertenezco al área de Control Calidad como inspector, en la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana. Me siento muy orgulloso de haber cumplido 25 años de trabajar en CIAC, el pasado 2 de febrero.

Durante estos 25 años he tenido muchas satisfacciones porque conocí la aviación grande. En 1993 entré a trabajar en los aviones B-727 de Avianca, a los que la CIAC les realizaba mantenimiento. Luego trabajé por 19 años en el B-707, el Zeus.

Realmente, yo entré a la Fuerza Aérea y conocí los aviones de carambola. En 1971 me gradué de bachiller y recuerdo que el 72 andaba en el taller de carpintería de papá y me dijo que llevara unas tablas a la avenida primera. Ahí me encontré con un compañero que me preguntó si quería entrar a la Fuerza Aérea Colombiana, “a los aviones”. Yo dije “Jum, yo ni sé que es eso” y me dijo que me montara en la bicicleta y me llevaba. Me subí y llegué a la Escuela Marco Fidel Suárez; como buen perezoso escogí la fila más corta donde un señor me preguntó qué necesitaba, le dije “voy a entrar a la Fuerza Aérea, a los aviones” y me preguntó que grado de estudio, le dije que bachiller y me pasó a hacer la fila mediana. Ahí me quedé y luego de hacer los documentos, los exámenes y cumplir con todos los requisitos ingresé como suboficial técnico, a la Escuela Andrés M. Díaz el 18 de marzo de 1974. Desde ese momento entendí la aviación, la aerodinámica y qué eran los aviones.

Después de retirarme de la FAC, entré la CIAC como técnico primero, en esos tiempos habían unos grados de técnico tercero, técnico segundo, técnico primero, técnico maestro, supervisor e inspector. Mi especialidad era en motores e hidráulicos y era el único técnico retirado de la FAC, de resto todos eran ‘avianqueros’.

Tuve que pelear contra la marea, pero gracias a Dios salí adelante y con mi esfuerzo y estudios, me dieron la oportunidad de desempeñarme como inspector. En ese momento se me vino el mundo encima porque había pasado de ser técnico primero a inspector de un salto, pero demostré y sigo demostrando hasta la saciedad que sí podía con ese puesto.

Uno de mis orgullos más grandes fue volar en el Zeus, fue otro mundo, yo sé que es malo comparar, pero ese avión era mi mamá; yo lo consentía, lo adoraba y era todo para mí.

Recuerdo una ocasión en la que nos encontrábamos de comisión en ‘Red Flag’ en 2012 y el avión se nos ‘motequió’, como decimos en el gremio. En ese momento se nos aceró el segundo comandante de la FAC quien nos dijo: “Muchachos, a ese avión hay que consentirlo, es viejito, consiéntanlo, mímenlo, tóquenlo, bésenlo y verán que mañana vuela” era mi general Flavio Ulloa. Nosotros empezamos a mimarlo y a quererlo más y no nos dejó botados, salimos adelante con la comisión que fue muy importante para la Fuerza. Me siento muy orgullo de haber volado los cielos de Estados Unidos de América en el 707.

Yo sueño con los aviones, hacen parte de mi vida, no puedo decir que son todo porque todo son mis hijas, pero después de mis hijas siguen los aviones. Yo vivo y convivo con los aviones, donde estoy miro los aviones y, de verdad yo adoro mucho la aviación porque lo que tengo hoy en día ha sido gracias a la aviación.

Algo que realmente le agradezco a la CIAC son las oportunidades que me ha brindado, entre esas, tener una maravillosa esposa (porque la conocí en la empresa) y sacar adelante con carrera a mis dos hijas; la mayor es abogada y la segunda también, pero en criminalística, tengo casa propia y carro, gracias a la CIAC.

Yo vivía 24, 36 horas en la empresa por eso puedo decir que suspiro y boto por los poros la palabra CIAC, amo mucho la CIAC y realmente creo que la amaré por siempre. Confieso que mi anhelo es no salir nunca de acá, pero bueno sé que no soy activo fijo de la empresa, tarde o temprano salgo y cuando pase, me dará mucha nostalgia.

Gracias a la Corporación tuve la oportunidad de hacer vuelos en los aviones B-727 como técnico abordo y conocer casi todo Centro América. La verdad conocí lugares que nunca imaginé como Dubái, Afganistán, Venezuela, Ecuador y recorrí, en el territorio nacional, muchos aeropuertos haciendo pesos y balances.

Sobre la empresa tengo que decir que ha cambiado del cielo a la tierra. Solo viendo la importancia que le dan a la seguridad ahora, nosotros cambiábamos un motor de un 727 y nos subíamos a las escaleras y los bancos sin ninguna protección, no existían las gafas o los guantes para protegernos.

Hoy en día hay una gran unión entre el personal. En mi tiempo, a nosotros los de mantenimiento, lastimosamente, nos llamaban los “grasientos”, no nos podíamos ver con los de administrativa, ellos eran la gente elegante, de corbata y nosotros éramos los “grasientos”, por eso decíamos que del hangarete hacia el hangar era una CIAC y del hangarete hacia las oficinas era otra empresa, la discriminación era muy fuerte. Me acuerdo que hicieron dos horarios de almuerzo aparte, uno para cada grupo de trabajadores, con tal de que no nos juntáramos. Después de que nosotros almorzábamos, lavaban las sillas, para no ensuciarse de grasa.

Ahora en CIAC somos como un puño (unidos) porque trabajamos en equipo. Destaco el ambiente que hay, la alta gerencia y los jefes que le prestan mucha atención a uno, si uno tiene un problema, se lo solucionan, nunca lo dejan solo, siempre están al lado de uno por más difícil que sea el trabajo.

Y estos cambios en la discriminación y en el trabajo en equipo se vienen dando dese la llegada mi general Alberto Meléndez porque a los ‘grasientos’ nos dio valor. Después vino mi general Medrano que también hizo grandes cambios, mi general Acosta y ahora mi general Ulloa que ha fortalecido la unión.

Esa unión la vemos a medio día cuando jugamos voleibol, ahí no hay doctor, ingeniero, técnico o jefe, simplemente somos personas que comparten en una empresa y eso es lo más bonito de hoy en día.

En CIAC he pasado por alegrías, amarguras, momentos fáciles y difíciles, conocí grandes personas, hice amigos, aprendí y sigo aprendiendo y hoy en día puedo expresar que el orgullo más grande para mí es pertenecer a esta empresa de clase mundial (como nos lo ha enseñado mi general Ulloa).

Mi mensaje para todos es que siempre estemos juntos, no nos creamos más que los demás, seamos humildes y contemos con nuestros compañeros. Siendo humildes evitamos enemistades y malos entendidos, siempre podremos salir adelante.



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